Nutrición: Dieta y Dolor crónico

Nutrición integrativa
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La Organización Mundial de la Salud (OMS) destaca la importancia de la nutrición como parte de un estilo de vida saludable declarando que «La nutrición está pasando al primer plano como un determinante importante de enfermedades crónicas que puede ser modificado, y no cesa de crecer la evidencia científica en apoyo del criterio de que el tipo de dieta tiene una gran influencia, tanto positiva como negativa, en la salud a lo largo de la vida”. La nutrición, además, también se considera uno de los factores más importantes del estilo de vida relacionados con las enfermedades crónicas, como el cáncer, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares, así como un factor que puede influir en un peor curso de determinadas condiciones médicas como es el caso del dolor. 

Nutrición Integrativa

Conocer la relación entre la dieta y el dolor crónico nos ayuda a comprender cómo una mejor alimentación ayuda a nuestros pacientes a tener una mejor calidad de vida. Incluir la nutrición integrativa como una herramienta dentro del tratamiento multidisciplinar (fisioterapia, osteopatía psicología, psiquiatría…) para los pacientes con dolor, contribuye a una mejora no sólo en su desinflamación y en consecuencia disminución del dolor, sino también en su estado de ánimo, en su vitalidad y en su calidad de sueño.           

Los pacientes con dolor crónico muestran normalmente estrés oxidativo, inflamación crónica, y en algunos casos obesidad que se convierte en cuadros metabólicos (colesterol y triglicéridos altos, hipertensión y diabetes del tipo 2). Todos estos desequilibrios pueden mejorar con una alimentación equilibrada y una correcta suplementación de, antioxidantes, minerales, probióticos y antiinflamatorios como el Omega 3.

Estos pacientes necesitan especialmente mantener su PH ligeramente alcalino ya que la acidez en sangre es causa de inflamación. Es muy importante eliminar de su dieta los alimentos que inflaman y acidifican como el trigo, el azúcar, los alimentos procesados, las grasas saturadas, los lácteos, la proteína animal en exceso, el alcohol o el café y las verduras solanáceas ( patata, pimiento tomate y berenjena).

La alimentación debe ser rica en cereales integrales (avena, arroz, mijo, cebada) legumbres (azuki y lenteja roja son las más digestivas), semillas (sésamo, lino, amapola, pipas de girasol…) y aceites de primera presión (oliva, lino, sésamo…), frutos secos, pescado azul (preferiblemente de pequeño tamaño), frutos rojos (fresa, mora, frambuesa, grosella…) y proteína vegetal (tofu, seitan…). Procurando alimentos ecológicos que estén libres de metales pesados, pesticidas y herbicidas.

Es importante la rutina y la disciplina; comer entre 4 o 5 veces al día respetando las horas y no saltándose ninguna comida, hidratarse tomando infusiones, caldo depurativo o agua entre las comidas, la práctica de ejercicio suave y dormir como mínimo 8 horas diarias, no acostándose más tarde de las 22h.

Cada paciente y su caso son particulares, así que acompañamos el proceso al ritmo de cada persona, detectando posibles carencias nutricionales ofreciendo una dieta y si fuera necesario una suplementación adaptada a su estilo y ritmo de vida.

No olvidemos nunca que “somos lo que comemos”

Sandra Estivill
Nutrición Integrativa

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