¿Cuándo ir al psicólogo? ¿Por qué es importante hacerlo?

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¿Cuándo ir al psicólogo? ¿Por qué es importante hacerlo? Son dos interrogantes muy comunes que intentaré despejar en estas líneas. A pesar de que no ha sido mi caso en particular porque siempre he pensado que los psicólogos tienen la capacidad de ayudar a las personas (y no es porque haya estudiado psicología, ya lo pensaba de mucho antes), hoy en día todavía es bastante frecuente escuchar frases como “Ir al psicólogo ¿para qué?”No necesito un psicólogo. Yo solo tengo que tener la capacidad de superar lo que me pasa” “Lo que me pasa no tiene nada que ver con lo psicológico”… y así,  podría seguir enumerando otras decenas de creencias asociadas a la psicología.

Lo cierto es que durante muchos años ha habido cierta estigmatización sobre el hecho de ir al psicólogo, por no mencionar al psiquiatra, porque inevitablemente estaba asociado a “estar loco” o “padecer una enfermedad mental grave” y, en ambos casos, desafortunadamente, apenas había un espacio en la sociedad para estos estados. En consecuencia, se generó en la población general un movimiento de rechazo hacia estas disciplinas de la salud y una negación a una gran variedad de problemas emocionales que quedaban sin atender ni resolver. Sin embargo, poco a poco, estas ideas se han ido transformando hasta ir ajustándose más a la realidad sobre qué es la psicología y la función que tenemos realmente los psicólogos.

Creo que una buena premisa como punto de partida, es asumir que en algún momento de nuestra vida todos vamos a tener que vivir situaciones o experiencias que van a impactarnos de una manera significativa a nivel emocional y psicológica, ya sea porque son inesperadas o porque se prolongan en el tiempo y conllevan un gran desgaste mental e incluso físico. Ante estas situaciones, habrá personas que mostrarán una alta capacidad de adaptación, y si cuentan, además, con un apoyo familiar y social que les proporcione seguridad y confianza tendrán una alta probabilidad de superar estas adversidades sin la aparición de ningún problema asociado.

Por el contrario, habrá personas que ante estas situaciones adversas se sentirán sobrepasadas, sin recursos personales y/o intrapersonales suficientes para poder sobrellevarlas, por lo que empezarán a sentir un desajuste emocional interno que podrá manifestarse en una gran variedad de síntomas como, por ejemplo, apatía, tristeza, depresión, insomnio, nerviosismo, irritabilidad, frustración, ansiedad, estrés, ataques de pánico, pensamientos de culpa, ideas autolíticas, consumo de sustancias, síntomas físicos como migrañas, tics, problemas digestivos, o dolores focalizados en algún punto del cuerpo, entre otros, que acabarán afectando a su funcionamiento diario.

En este último caso tomar la decisión de ir al psicólogo no solo se convierte en un acto de autocuidado sino también de responsabilidad hacia uno mismo y los demás. Una vez tomada la decisión de buscar ayuda viene la siguiente pregunta ¿y ahora qué? Lo más importante es encontrar a un profesional con el que sientas que tienes afinidad y te proporcione una sensación de confianza y seguridad, de lo contrario, será difícil que podáis establecer un vínculo terapéutico y que la terapia sea exitosa. Asimismo, es importante, que el psicólogo cuente con la formación, los conocimientos y recursos suficientes para poder ayudarte a resolver tus dificultades.

Dentro del mundo de la psicología existen diferentes escuelas o modelos terapéuticos, cada uno de los cuáles, utiliza herramientas y métodos diferentes para evaluar, tratar y resolver los problemas que presentan los pacientes. En este sentido, los enfoques más comunes son la terapia cognitiva, la conductual, la cognitivo-conductual, la interpersonal, la humanista, la psicodinámica, o la combinación de diferentes estilos. Asimismo, en los últimos años, están cogiendo cada vez más fuerza las terapias centradas en el reprocesamiento de experiencias traumáticas como es el caso de la terapia EMDR.

Aunque comúnmente las sesiones de terapia se han llevado a cabo de manera presencial, gracias al avance de las nuevas tecnologías están cada vez más en auge las sesiones online. Como en todo, esta modalidad terapéutica tiene sus ventajas y desventajas.

Como ventajas podríamos enumerar la efectividad de las mismas en tanto que la preparación y conocimientos del psicólogo es la misma cambiando únicamente el canal de comunicación; la confidencialidad de las sesiones haciendo uso de plataformas seguras; la flexibilidad horaria; el ahorro de tiempo; la posibilidad de escoger un profesional que se encuentra fuera de tu ciudad, provincia e incluso país y poder seguir las sesiones con la programación establecida independientemente de si la persona tiene que desplazarse por trabajo u otro motivo.

Como desventaja podríamos comentar la falta de contacto físico con el terapeuta en cuanto a la necesidad de algunos pacientes de poder sentir una mano amiga sobre su hombro u otro tipo de gesto de proximidad en algunos momentos puntuales de su proceso terapéutico y la reducción del campo visual por parte del terapeuta en la que normalmente suele visualizar la parte superior de la persona pudiendo no percibir movimientos o cambios posturales en los miembros inferiores como las piernas y los pies.

En resumen, contrariamente a la idea de que ir al psicólogo es un acto de debilidad iniciar un proceso terapéutico requiere de un esfuerzo, constancia y valor en tanto que la persona tiene que hacer frente a situaciones o experiencias que no son fáciles e incluso ver aspectos de sí misma que quizás no quiere o puede aceptar.

Sea como sea, la terapia es el proceso que nos va a permitir transmutar el dolor de ciertos momentos de nuestra historia vital en aceptación, una mayor autoestima e incluso una mayor comprensión sobre los otros y la vida. Asimismo, podemos decir que el proceso terapéutico no deja de ser un camino más de aprendizaje sobre nosotros mismos que nos va a dotar de recursos y nuevos conocimientos para hacernos más resilientes y de esta manera podamos manejarnos mejor en nuestro día a día y encontrar la felicidad en nosotros mismos.

Ana Moreno-Alcázar

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